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Autor Tema: Namor  (Leído 3007 veces)

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NAMOR

Re:Namor
« Respuesta #120 en: 17, Diciembre 2009, 07:34:04 »
CAPITULO 22

-   Tenemos que partir – dijo Farmil después de comer. – Mhalek nos estará esperando cerca de la antigua ciudad rivereña de Pelargir y lo dejamos bastante preocupado cuando partimos tras de ti.
-   Lo haremos, pero antes tengo que dejar todo atado por aquí – le dijo Namor. Después se dirigió a Zarek - Es necesario que repartas entre todo las gentes de Amroth, los tesoros que tenga Logosh guardados.
-   No hay problema – dijo Zarek.
-   Me gustaría que te quedases al mando de todo. Lo he consultado con Nubira y cree que eres el más indicado para ello. Desmantela la Arena y con los bloques de piedra, repara el muro exterior.
-   Se hará como tú dices.
-   Y habla con mercaderes, granjeros y pescadores para que nos faciliten toda la comida que sea posible. La vamos a necesitar si queremos alimentar a toda la gente del campamento de Mhalek.
-   Enviaré a alguno de los muchachos para que corra la voz por la ciudad. No te preocupes, antes de que partáis, tendréis algunos carromatos esperándoos.
-   Gracias Zarek. Nubira, ¿a donde crees que pudo haber ido Logosh?
-   Seguramente huyó a la Ciudad Blanca.
-   ¿Minas Tirith? – preguntó Farmil.
-   Si, de allí parten los batallones semiorcos del Ejercito Negro del Sur.
-   Algo sospechábamos de que podía ser así – dijo Farmil. – Pero si estás pensando en atacar la ciudad, vete sacando esa idea de la cabeza. Es imposible. Si ese Logosh llega allí con vida y elude nuestras patrullas, será muy difícil atacar sus altos y fuertes muros con tan pocos efectivos.
-   Tendremos que intentarlo.
-   Mejor que no – dijo Zarek. – Los muros de Amroth son fuertes y han resistido muchos ataques, pero los de la Ciudad Blanca son inexpugnables.
-   ¿Vamos a rendirnos antes de intentarlo? – preguntó Namor mirando a todos los presentes. – He prometido sobre la tumba de Broll que acabaría con Logosh y tengo pensado cumplir mi promesa.
-   Namor, yo también he prometido lo mismo – dijo Nubira cogiéndolo por el brazo, gesto que no pasó desapercibido a los ojos de Zora – pero he estado en la Ciudad Blanca y tanto como el capitán Farmil como Zarek tienen razón. Atacar los muros de la ciudad defendida por unos seres que no conocen la derrota o el miedo, sería un suicidio.

Namor se levantó de la mesa, salió al jardín y desapareció por el portón del acantilado. Nubira fue tras él y Zora abandonó la estancia entre bufidos de rabia.

Cuando todos estaban esperando por Namor y por Nubira, estos aparecieron por el camino del puerto, acompañados por un centenar de hombres armados que cargaban víveres en unos grandes carromatos.

-   Vendrán con nosotros hasta el campamento – dijo Nubira. Son hombres de confianza de Zarek y se han presentado voluntarios para partir con Namor, su príncipe.

Namor sonrió y movió la cabeza de un lado para el otro, negándo el nombramiento.

Farmil agradeció a todos los hombres su rapidez en el alistamiento y comprobó la gran cantidad de comida que llevaban en los carromatos.

Comenzaba a atardecer cuando partieron de Dol Amroth camino del campamento de Mhalek. Zora había salido unos momentos antes para patrullar con sus amazonas y así, evitar ser sorprendidos por bandidos que tuviesen la intención de asaltar la caravana.

Namor, montado en un caballo negro azabache, antiguamente propiedad de los establos de Logosh, se adelantó a la caravana, con el permiso de su capitán Farmil y siguió los chillidos del halcón de Zora para dar con ella.

-   Hola Zora – dijo Namor sorprendiendo a la mujer que estaba absorta en sus pensamientos.
-   Vaya, ¿a quien tenemos por aquí?. El principito se ha dignado a hablar con la plebe.
-   ¿Estas utilizando tu encanto nuevamente conmigo? ¿Debo cubrir mi rostro con mis manos para no ser vapuleado otra vez?

Zora sonrió levemente pero se acordó de Nubira y volvió a ponerse sería.

-   ¿Has dejado a tu amiga sola? – preguntó.
-   No, viene acompañada con más gente, ¿por qué?, si quieres voy en su busca y la traigo conmigo.
-   No hace falta.
-   Eso había pensado.
-   ¿Qué estás insinuando?
-   Yo, nada.

No dijeron más durante un largo rato. Cabalgaron juntos hasta que encontraron un buen sitio donde acampar a las faldas de las Dol-en-ernil y esperaron allí a la caravana. Encendieron una gran fogata y comieron una frugal cena.

Cuando llegó el resto del contingente, Namor se dirigió a Farmil y después desapareció en la espesura de la noche con una antorcha encendida.

-   ¿A dónde va? – le preguntó Zora a Farmil.
-   Tiene un asunto que resolver – dijo el capitán.
-   ¿Otra vez solo? Será mejor que lo acompañe esta vez para que no se meta en más lios.
-   No hará falta esto. Al amanecer ha prometido estar de vuelta y si no me ha dicho que podría castigarlo dejando que le dieses de bofetones hasta el campamento de Mhalek.
-   Farmil, ¿no ves que no volverá y que buscará algún lugar para estar a solas con su nueva amiga?
-   ¿Con Nubira?
-   Si, con esa.
-   ¿La misma mujer que está durmiendo protegida por una guardia de veinte hombres procedentes de Amroth?

Zora se giró y vio como la mujer de la que estaban hablando, dormía placidamente a ras de suelo, sobre una manta y una veintena de hombres la protegían por orden de Namor.

-   Vaya, cuantos centinelas. Parece un tesoro que hay que proteger.
-   He hablado con algunos de esos hombres y creo que “el tesoro” sabe protegerse muy bien solo y solo están haciendo guardia porque Namor se lo ha pedido.
-   Que galante, ¿y para mi no hay apuestos centinelas que guarden mi sueño?
-   Si, mi señora. Namor me ha dicho que te impidiese salir tras él y que durmiese atado a ti para cerciorarme de eso.
-   Malditos seáis los dos, hombres tenías que ser – dijo Zora escupiendo a los pies de Farmil.
-   Mhalek sabrá de esta desfachatez – dijo Farmil intentando contener la risa, pero solo consiguió enfadar más a Zora que se dirigió hasta donde dormía Nubira y se tumbó unos pasos más allá, por si tenía que seguirla a ella durante la noche.


Namor subía por caminos poco transitados desde hacia tiempo y de vez en cuando daba un largo silbido, se ponía a escuchar atentamente y al no escuchar nada, continuaba andando por las faldas de las montañas. Buscaba algún rastro que lo llevase a encontrarse con su fiel amigo y justo cuando había perdido toda esperanza y viendo que comenzaba a amanecer, de detrás de unos matorrales, un gran lobo gris saltó derribándolo e inmovilizando totalmente su cuerpo con sus grandes patas.

-   Hola Draco – dijo Namor.
-   Draco, maldito lobo gris, ¿Dónde estas? – escuchó decir a un viejo que venía con una antorcha buscando a su nuevo  amigo.
-   Gelión, ¿eres tú?
-   ¿Namor? – preguntó Gelión saliendo de detrás de los matorrales y acercándose hasta la singular pareja. – Veo que la intranquilidad del lobo era por ti y no por salir de caza.
-   Buenas noches Gelion – dijo Namor saliendo de debajo de las patas de Draco.
-   Buenas mañanas díria yo. Está amaneciendo ya.
-   Y por eso no tengo mucho tiempo. Di mi palabra de que regresaría al campamento al amanecer y pienso cumplir con mi palabra.
-   ¿Broll no viene contigo?
-   Lo siento mucho, Gelion, Broll murio en Dol Amroth intentando protegerme.

Gelión se estremeció y después de apoyarse en Namor porque le fallarón durante unos instantes las fuerzas, se repuso y habló.

-   Preferiría no haberte encontrado y permanecer ajeno a las malas noticias que portas.
-   No todo son malas noticias. Broll me protegió todo el tiempo y gracias a él, pude recuperar el hogar de mis padres.
-   ¿Pudiste con Logosh?
-   Creemos que huyó a la Ciudad Blanca.
-   Bien por ti – dijo Gelión apretando el brazo de Namor.
-   Necesito que hagas una cosa por mí.
-   Lo que tú me digas.
-   Es una tarea dura.
-   A mi edad, las tareas duras no me asustan.
-   Necesito que corras la voz por todos los pueblos que conozcas de que Dol Amroth ha sido liberado y que el que quiera, puede ir a la ciudadela y visitar el túmulo del héroe de las Dor-en-ernil.
-   A si lo haré, ¿pero que harás tu?
-   Reunirme con mi gente y partir hacia las cercanías de Pelargir donde parece ser que Mhalek tiene montado el campamento. Y me gustaría contar con Draco, lo necesito a mi lado.
-   El buen lobo gris me ha servido fielmente mientras estuvo conmigo y los niños.
-   Dale un fuerte abrazo de mi parte a Derufin y Duilin.
-   Lo haré. Prométeme que no te arriesgarás demasiado.
-   Lo necesario – le dijo Namor estrechándolo entre sus brazos.
-   Vaya, veo que has encontrado el escudo de tu madre.
-   ¿Qué?
-   ¿Nadie te ha dicho que el escudo Rohirrim que portas a tu espalda fue de tu madre?
-   No, no lo sabía. Ni siquiera Zarek me comentó nada.
-   Supongo que sería porque cuando tu madre llegó a la ciudadela, dejó sus armas a buen recaudo y junto con ellas, su escudo.
-   El destino me ha llevado a recuperar algo que fue de mi familia – dijo Namor pensativo.
-   Joven Namor, si quieres vencer en esta guerra, deberías contar con todos tus parientes.
-   No te entiendo.
-   Los Rohirrim viven aislados del mundo, pero tengo entendido que son tan numerosos como antaño. Búscalos y trata de convencerlos para que se unan a ti.
-   Lo haré, Gelión.
-   Llévate esto – dijo Gelión. – Es una antigua moneda con las caras de dos reyes. Uno de Gondor y otro de Rohan. Dale esto a quien esté al mando de los Rohirrim y entenderá que necesitas ayuda.
-   Gracias, lo guardaré como si fuese un tesoro.

Namor se despidió de Gelión prometiéndole que si todo iba bien, volvería para contarle todo lo que aconteciese en la guerra que se estaba librando en la Tierra Media.


Descendió bajando sobre el lomo de Draco y antes de que el sol coronase las lanzas de los caballeros de Amroth, Namor estaba nuevamente ante la presencia del capitán Farmil que sonreí complacido al verlo llegar con el gran lobo gris.

-   Veo que has conseguido encontrarlo.
-   Ha sido complicado, pero al final ha dado él conmigo.
-   Bien, seguro que necesitaremos de su estimable ayuda.
-   He estado con Gelión.
-   ¿Todavía sigue vivo?
-   Si, lo he enviado por las montañas y que de la buena nueva de nuestra conquista de Dol Amroth.
-   ¿Nuestra conquista? No, mi príncipe, nosotros no hemos tenido nada que ver en el asunto. Cuando llegamos, la ciudadela estaba casi conquistada por ti – dijo Farmil.

Namor sonrió y después de hablar un poco más con el capitán, dejó su compañía y se dirigió hacia el lugar donde Zora se lavaba en un aguamanil.

-   Buenos días Zora. Se me hizo raro anoche, no verte seguir mis pasos.
-   No podía. Tu capitán tenía órdenes estrictas de no dejarme partir en tu busca.
-   Eso significa que tuviste el impulso irrefenable de salir tras de mi.

Zora se rió, fue una risa fingida que le hizo gracia a Namor.

-   ¿Ir tras de ti? Creo que te estás equivocando mucho conmigo. No he ido nunca en mi vida detrás de un hombre como para empezar ahora a hacerlo.
-   Pues si no recuerdo mal, cuando me di una carrera de unas cuantas leguas desde el campamento de Mhalek, viniste a por mí, y a Dol Amroth también.
-   Ordenes de mi padre – dijo Zora fastidiada.
-   Bueno, cambiemos de tema. ¿Qué hay de mis buenos amigos Rob y Aglus?
-   Se quedaron con Mhalek, dijeron que tanto montar a caballo le estaba dejando las posaderas en carne viva y como ya veníamos Farmil y yo en tu rescate, se quedaron más tranquilos.
-   Ya hablaré con ellos cuando lleguemos. Se van a enterar por dejar a su buen amigo en compañía de una fierecilla salvaje.

Zora, cogió el aguamanil y vertió sobre la cabeza de Namor, toda el agua que contenía. Nubira, que había contemplado la escena desde la llegada del Namor sobre los lomos del gran lobo gris, se acercó a él, rasgó un buen trozo de tela de su vestido dejando entrever una pierna firme y torneada y le secó el rostro.

Zora se arrepintió por lo que había hecho, se giró, pero al ver a Nubira secándolo y las miradas que se procesaban, desistió de su idea y se dirigió a grandes trancos hacia su caballo.


Todavía les quedaba un largo camino hasta Perlargir por eso se pusieron en marcha lo antes posible y el primer día desde que abandonaran la ciudadela hasta que anocheció, pudieron recorrer veinte leguas. Las mismas que el segundo día de viaje y cuando amanecía, al tercer día, se encontraron con una de las patrullas del campamento de Mhalek.

-   Kalim, ¿qué ha pasado? – preguntó Zora reconociendo al primero de los jinetes que les salió al paso.
-   Buscamos un grupo de bandidos que anteayer se cruzó con una de nuestras patrullas – dijo Kalim. – Los mataron a todos. Pero los nuestro pudieron acabar también con unos cuantos por lo que pudimos encontrar después de la refriega.
-   Seguro que fue Logosh – dijo Namor incorporándose a la conversación.
-   Fuese quien fuese, logró escapar y huyo hacia el Este. Nosotros venimos hasta aquí por si había más bandidos por esta zona.
-   No hemos encontrado enemigos en esta dos jornadas que llevamos de camino – dijo Farmil adelantándose a sus caballeros.
-   Creo que deberíamos adelantarnos y hablar con Mhalek de todo lo acontecido. Quiero entrar en la Ciudad Blanca y acabar con Logosh lo antes posible – dijo Namor.
-   Si se dirige allí, será muy difícil atacarlo frontalmente – dijo Kalim.
-   Todo el mundo me dice lo mismo. Nadie me da esperanzas de que podamos vencer si intentamos atacarla.
-   ¿Y si hubiese la posibilidad de entrar por otro lado? – dijo Kalim.
-   ¿Cómo? – preguntó Namor
-   Desde arriba.
-   ¿Desde arriba?   
-   Fui esclavo en Minas Tirith durante cinco largos años y conozco cada recoveco de la ciudad. Y si yo pude escapar, también podría volver a entrar desde las Mindolluin.
-   Ahora si que tenemos que llegar lo antes posible junto a Mhalek y trazar un plan de ataque – dijo Namor resolutivo. Kalim, que tus hombres y las amazonas de Zora escolten la caravana, tu vendrás con nosotros ha Pelargir.

Cincuenta jinetes partieron a galope tendido por el ancho camino que los llevaría hasta las afueras de la ciudad de Pelargir. Antiguamente el gran río lamía su orilla, pero ahora, solo un riachuelo podía intuirse por el cauce seco.

Tardaron dos días más en llegar a las puertas de la bonita ciudad ribereña y cuando lo hicieron, vieron que el campamento de Mhalek había aumentado considerablemente.
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NecroGeorgeX

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Re:Namor
« Respuesta #121 en: 17, Diciembre 2009, 13:36:10 »
Buen ritmo, sigue asi.
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Las patologias del ayer, son la norma del presente

NAMOR

Re:Namor
« Respuesta #122 en: 17, Diciembre 2009, 15:54:48 »
Ok Necro. ¿Te has fijado en el subidón de lecturas de la historia esta semana? Yo he alucinado en colores. Espero que además de leerla, quieran opinar.
Saludos a todos
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Lazarus

Re:Namor
« Respuesta #123 en: 18, Diciembre 2009, 02:12:27 »
Siento haberme demorado en mi respuesta, últimamente no he tenido mucho tiempo para postear.

Sobre el capítulo anterior, lo siento pero, no encuentro las diferencias con lo que había escrito antes. De todos modos la sensación que me queda es la misma. Sobre los puntos que te comenté, creo que no estaría de más que hubieses aclarado que había algún tipo de milicia o guardia de la ciudad, que no eran gente de Logosh, sino ciudadanos. Es algo necesario en cualquier ciudad para mantener orden, y en una dictadura una posición privilegiada para los ciudadanos. Una cosa es tener que proteger la ciudad de bandidos o aprovecharse de la propia población y otra enfrentar un ejército. Que a la hora de la verdad esa milicia no se atreviera a enfrentar a las tropas que llegan y se rindieran fácilmente podría ser entendible. Claro que igualmente quedaría el éxito del ataque como algo fortuito, ya que las tropas no se acercaban a la ciudad por miedo y al final han ido a lo loco. Además por lo que se deduce de este último capítulo, no partían con todas las tropas, imagino que esperaban el éxito, lo cual se vuelve a contradecir con la situación en la que se planteaba originalmente la ciudad.

Respecto a este último capítulo, está bien llevado, se ven cosas curiosas.

Por un lado está Nubira en ese triángulo amoroso, su comportamiento es bastante infantil, o quizá se esté enfrentando a algo nuevo para ella y no sabe como hacerlo. Me gustaría saber las edades de los personajes, por curiosidad, aunque no se si era algo que tenías pensado.

De los dos amigos de Namor me había olvidado por completo :D

¿El escudo de Namor es el mismo de la arena?

Si se me van ocurriendo más cosas te las comento.
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No hay atractivo en lo seguro. En el riesgo hay esperanza.

NAMOR

Re:Namor
« Respuesta #124 en: 18, Diciembre 2009, 07:36:31 »
Madre mía Lázarus, vas a acabar conmigo  [:51:]
No existe milicia en la ciudad, solo la guardia de Logosh, como ya comenté anteriormente, nadie, hasta ese momento, se había atrevido a llegar tan lejos (atacarlo). Las gentes de Amroth viven asustadas bajo el yugo del tirano Logosh, todo el mundo sabe que él tienen contactos con los semiorcos aunque no saben hasta que punto.

Farmil y Zora, junto con el resto de los jinetes, van a buscar a Namor por orden de Mhalek. No van a batallar contra nadie, pero se les presenta la ocasión al "informarle" el halcón de Zora de toda la situación.

¿Comportamiento infantil de Nubira? No lo entiendo.

Las edades de los protas son bastante parecidas, veinteañeros, excepto Nubira que puede rondar ya los 25 ;) El capitán Farmil y sus hombres son hombres maduros en su mayoría, rondarían los 50. El resto, pues de todas las edades.

El escudo es el mismo. Y jugará un papel muy importante junto con la moneda que Galim de la a Namor.

Saludos
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Lazarus

Re:Namor
« Respuesta #125 en: 18, Diciembre 2009, 11:39:51 »
¿Comportamiento infantil de Nubira? No lo entiendo.
Ahí me colé, quería decir Zora, si es que no eran horas de andar posteando.

Por lo demás no insisto, parece que no me hago entender :D
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No hay atractivo en lo seguro. En el riesgo hay esperanza.

NAMOR

Re:Namor
« Respuesta #126 en: 18, Diciembre 2009, 17:25:50 »
No te preocupes Lazarus, te he entendido perfectamente. El comportamiento de Zora es muy normal en una mujer al que le gusta un chico, es posesiva y además se preocupa por él. Actua como mujer y como madre a la vez.
Seguiremos posteando...
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NAMOR

Re:Namor
« Respuesta #127 en: 25, Enero 2010, 11:52:49 »
CAPITULO 23

La ciudad de Pelargir rebosaba actividad. Cuando vieron llegar a la comitiva, muchos fueron los que dejaron sus quehaceres para acercarse a saludar a los recién llegados. Los que todavía no había visto nunca a Draco, se quedaron asombrados ante el gran lobo gris y retrocedieron ante su imponente estampa. Preguntaban también, quien era el jinete que lo montaba y al escuchar que el príncipe de Dol Amroth había llegado desde más allá de las Montañas Blancas, creían que los Valar lo habían enviado.

-   Donde está mi padre – preguntó Zora a uno de los nómadas.
-   Junto el cauce seco del río.
-   Llévanos hasta él

El nómada saltó sobre el caballo de Kalim y los guió hasta el anciano que estaba de rodillas, acariciando la arena del reseco lecho por donde antes había pasado el agua del gran río.

-   ¡Padre! – gritó Zora al ver a Mhalek. Este se levantó trabajosamente y sonrió al ver que su hija había cumplido con la misión de traer sano y salvo a Namor.
-   Hija mía, ven a mis brazos – dijo mientras Zora saltaba de su caballo para abrazarlo. – Te he echado mucho de menos estos días. El campamento no era lo mismo sin tu precioso rostro iluminándolo por doquier.
-   Padre, ¿qué más necesitas de mi?
-   ¿Yo?
-   Me has adulado demasiado en tan pocas palabras.
-   Pero hija, ¿dudas de lo mucho que te quiere tu anciano padre? – dijo Mhalek bajando la cabeza y apoyándose en su bastón pareciendo más viejo de lo que era.
-   Mhalek…
-   Zora, no me gusta nada cuando me llamas por mi nombre.
-   Lo se, por eso lo hago.
-   Desagradecida, yo que te he criado desde que eras un bebe, yo que…
-   Padre, ¿qué quieres de mí?
-   Quiero que te portes bien con el joven príncipe.
-   ¿Por que lo dices?
-   Creo que has sido un poco desconsiderado con él y que has llegado a abofetearlo delante de mucha gente.
-   ¿Quién te ha contado eso si acabamos de llegar?
-   ¡Entonces es verdad!… hija mía, tengo mis propias  fuentes.
-   ¿Tus fuentes? Dirás tus espías.
-   Bueno, lo que sea. Solo te pido que te comportes lo mejor que puedas con él.
-   Ya lo hice.
-   ¿Abofeteándolo?
-   Si, si me hubiese comportado mal, le hubiese propinado un puñetazo y después una buena patada en su trasero principesco.
-   Hija mía, miedo me da escucharte.
-   Lo siento padre, pero si él no fuese tan impetuoso marchándose del campamento, yo no me hubiese comportado así.
-   Menos mal que envié contigo al capitán Faramil para imponer la paz. Creo que fue el único que puso algo de cordura entre vuestros jóvenes corazones – dijo Mhalek besando en la mejilla a su hija.
-   Joven Namor, tengo entendido que pusiste en fuga al malvado Logosh.
-   Hola Mhalek – dijo Namor acercándose al anciano y estrechándolo entre sus brazos.
-   Veo que has ganado en fortaleza física – dijo Mhalek sonriendo. - ¿Quién es la bella mujer que te acompaña?
-   Se llama Nubira y es la mejor luchadora que han visto tus cansados ojos.
-   Acércate – le dijo Mhalek a Nubira que se aproximó tímidamente hasta el anciano. Este, le tendió la mano y ella la agarró con ternura. Después se alejaron de los demás y charlaron durante mucho tiempo mientras paseaban con el cauce del río.


-   Creo que nuestros planes de explicarle a Mhalek nuestro ataque a Minas Tirith van a tener que esperar hasta la noche – dijo Namor.
-   Maldita mujer, parece que también ha cautivado a mi padre.
-   No seas así, Zora. Nubira es una buena chica.
-   Creo que tu opinión está algo contaminada por los felinos andares de esa mujer.
-   A lo mejor, si tu vistieses como ella y no como un nómada…
-   Visto a la usanza de mí pueblo.
-   Tus amazonas visten mejor que tu.
-   Será mejor que intervengamos, Kalim, o Zora acabará abofeteando nuevamente a Namor – dijo el capitán Farmil.
-   O algo peor, mira su mano sobre la empuñadura de su espada.

Farmil y Kalim se acercaron a los contendientes que estaban luchando con sus miradas y si estas matasen, Namor hubiese caído atravesado por las punzantes miradas de Zora. 

Al atardecer, Mhalek apareció con Nubira apoyado sobre su brazo. El rostro del anciano desprendía felicidad y Nubira parecía todavía más bella.

-   Padre, comenzábamos a preocuparnos.
-   Pues yo todavía no veo una patrulla de jinetes preparados para ir en mi busca, además, no tenía nada que temer. Namor me dijo que Nubira era muy buena luchadora.
-   Lo que diga u opine, el principito, no lo voy a tener muy en cuenta.
-   ¿Noto algo de resentimiento por tu parte en esas palabras? 
-   Estaba preocupada, nada más y ese joven no ha hecho nada más que amargarme la espera.
-   Está bien, Zora. Vayamos al encuentro del … ¿cómo le has llamado?, ah si, principito, y averigüemos que nos tiene que contar.
-   ¿No te ha adelantado nada Nubira en la larga charla que habéis tenido?
-   Algo me ha comentado, pero le he dicho que prefería estar con todos mis capitanes para escuchar lo que tenían que decirme.
-   ¿Y de que habéis hablado entonces?
-   De muchas cosas, de su vida, de la mía, de los hombres y mujeres que ahora luchan por la libertad. Hemos estado hablando sobre Namor – y Zora lanzó un bufido que hizo sonreír a Nubira y Mhalek al unísono – y hemos hablado de ti también.
-   ¿De mi? ¿Y se puede saber que habéis hablado sobre mí?
-   En que te has convertido en toda una mujer y yo todavía te veo casi como una niña. Nubira sabe como hablarle a mi viejo corazón y lo ha llenado de felicidad con sus palabras.
-   No sabía que Nubira ofreciese esos servicios. Creo que algunas gentes de la ciudadela de Dol Amroth me han informado mal sobre su ajetreada vida.
-   ¡Zora! – le gritó Mhalek a su hija – cuida esa lengua y más con una invitada a mi campamento.
-   No te preocupes, Mhalek. Tu hija ha sido muy comedida en su comentario – dijo Nubira sin parecer herida por las palabras dedicadas por Zora hacia su persona.
-   Lo siento si te he ofendido, acepta mis sinceras disculpas. Pero es que me preocupo demasiado por mi anciano padre y en ciertas ocasiones, mi recelo ante los extraños puede más que yo.
-   Aceptadas tus disculpas y olvidado el tema.
-   Está bien, reunámonos con los demás – dijo Mhalek complacido.

Cuando los allí presenten vieron aparecer al Mhalek con aquellas dos mujeres de ambos brazos, todo el mundo se asombró por la belleza de sus acompañantes. Hasta Rob y Aglus dejaron de pelear con Namor para poder admirar aquella estampa que aparecía entre el medio de las fogatas.

-   Cerrad vuestras bocas y entremos en mi tienda. Tenemos asuntos urgentes que requieren una rápida y contundente solución – dijo Mhalek a viva voz para ser escuchado por todos los presentes.

Todos los capitanes entraron en la tienda tras Mhalek y las dos mujeres. Farmil, Kalim y Namor sujetado por los fuertes brazos de Rob y Aglus. Se sentaron a la mesa y después de que Mhalek se secase el rostro, dejó que le contasen todo desde la desaparición de Namor camino de Amroth.

Después de que Namor acabase con su relato, hablaron Zora y Farmil. El último en hablar fue Kalim que explicó su encuentro con Logosh y sus hombres y de cómo podían asaltar la Ciudad Blanca con la ayuda de todos los prisioneros que trabajan allí.

-   Es una locura – dijo Mhalek – pero es tan remotamente impensable por parte del enemigo que los ataquemos desde arriba, que podría funcionar.
-   El factor sorpresa es primordial en estaba batalla – dijo Farmil.
-   Pero hay muchos enemigos guardando Minas Tirith – dijo Kalim. - Aunque contemos con la ayuda de los prisioneros, podrían aplastarnos mientras bajamos por los anillos de la ciudad.
-   Entonces habrá que crear una distracción fuera de la ciudad – dijo Farmil – tan creíble que saquemos a la mayor parte de sus tropas fuera de sus murallas.
-   Logosh no es tonto y podría olerse la trampa – dijo Nubira. Tendremos que ofrecerle algo que no pueda rechazar.
-   Una victoria aplastante quizá – dijo Namor. – Algo que le consuele por la huida de Dol Amroth.
-   Podríamos llevar tropas hasta la ciudad, montar un campamento a las afueras y ocultar la mayor parte de nuestro ejército – dijo Zora.
-   Continua – dijo Mhalek.
-   Que se crean que combatiremos contra ellos y así los forzamos a salir de la ciudad.
-   Puede funcionar, pero no creo que sea suficiente todavía – dijo Nubira.
-   ¿Qué tal si una mujer lo desafía? – preguntó Namor.
-   Eso lo haría salir sin duda alguna – dijo Nubira.
-   Creo que ya que el plan de ataque ha sido prácticamente confeccionando por Zora, debería ser ella la que lo desafíe. – dijo Namor.
-   ¿Yo?
-   Mientras nosotros entramos desde arriba, tu podrías desafiarlo y así nos darías tiempo a preparar una resistencia lo suficientemente fuerte para aguantar a los enemigos que osen desafiarnos.
-   Pero yo pensé que iría con vosotros – dijo Zora.
-   Farmil y los caballeros te acompañarán y así podrá ver el pendón de Dol Amroth ante sus narices.
-   ¿Y quienes serán los elegidos para partir contigo? – preguntó Zora.
-   Kalim, es el que conoce el camino y conoce a los prisioneros. Rob y Aglus me han dicho que me cortarían la cabeza si volvía a dejarlos otra vez, por lo que vendrán conmigo y Nubira, si ella está dispuesta a correr este riesgo.
-   Será un honor combatir a tu lado y no contra ti – dijo la mujer con una amplia sonrisa dejando ver sus blancos dientes que destacaban sobre el color de su piel.
-   Está bien, el plan de ataque constará de dos fases. Zora y Farmil crearán una distracción en el Pelenor  mientras el grupo de Namor se hace con el control de la plaza del Manantial y comenzaran una revuelta con los prisioneros. Ahora será mejor que descanséis. Mañana será un día largo de preparativos para la batalla que puede comenzar a  cambiar el curso de esta guerra. 
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NecroGeorgeX

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Re:Namor
« Respuesta #128 en: 25, Enero 2010, 13:37:53 »
Algo no encaja aqui.... ¿Alguien tiene los dientes blancos?

No se invento el dentrifico (que yo sepa... quien sabe, es tu relato, a lo mejor si)

Te sigo...
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Orochi

Re:Namor
« Respuesta #129 en: 25, Enero 2010, 17:01:09 »
quizas comian alguna planta que tenia como componente para blanquear los dientes... y era habitual en la dieta de los habitantes de la ciudad (o los que estaban bajo el favor de Logosh)
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--------------------------------------------------------------

Yo Quiero Ver Infectus Publicada (Y Que Llegue Al Otro Lado Del Charco)

jaraco

Re:Namor
« Respuesta #130 en: 25, Enero 2010, 17:13:31 »
Algo no encaja aqui.... ¿Alguien tiene los dientes blancos?

No se invento el dentrifico (que yo sepa... quien sabe, es tu relato, a lo mejor si)

Te sigo...

Está demostrado que desde muy antaño ya se "limpiaban" los dientes, incluso más que hoy en día. Véase bosquimanos, o en australia que aún viven como en el paleolítico y no tiene los dientes precisamente sucios
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"Los políticos y los pañales se han de cambiar frecuentemente... y por idénticos motivos."
Sir George Bernard Shaw

NAMOR

Re:Namor
« Respuesta #131 en: 26, Enero 2010, 07:22:38 »
Esto lo he sacado de Internet para que se vea que los antiguos eran bastante más limpios que "nosotros"  :mrgreen: :

Fue en la antigüedad cuando las personas comenzaron a masticar ramitas de plantas con grandes propiedades aromáticas para limpiar sus dientes.

Los árabes antes del Islamismo, utilizaban ramas del árbol de arak (Salvadora Pérsica ) cuyas fibras se mantenían como cerdas. Las llamaron siwak o misswak, y en el siglo VI Mahoma dictó las reglas para la utilización de estos "implementos", convirtiéndose en una obligación religiosa. Se recomendó que se usaran en la lengua, en las superficies bucales y se llevaran dentro de los espacios interdentarios.

Los africanos también consideraban importante la limpieza bucal, quienes masticaban palillos que tenían aceites y taninos antibacterianos.

Siento la espera tan larga, pero ahora estoy un poco más desahogado de trabajo e intentaré colgar un capitulo cada dos semanas. Y espero que os siga gustando el relato-historia-novela ya que se acercan un par de capitulos llenos de acción.

Entre medias, continuaré con "El Monje Punisher".
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NAMOR

Re:Namor
« Respuesta #132 en: 04, Febrero 2010, 08:10:47 »
CAPITULO 24


Antes de que rayase el alba, en la ciudad de Pelargir, el ajetreó era incesante. Cientos de personas llevaban cosas de un lado para otro, sobre todo, armas y alimentos que se llevaría el ejército para los cuatro días que les llevaría el trayecto hasta los campos del Pelennor.

Namor, Nubira, Rob, Aglus y Kalim, se reunieron esa mañana en la entrada de la tienda de Mhalek. Estos partirían los primeros hacia las Mindolluin mientras el resto del ejército terminaba de alistarse para partir.

-   Mhalek, nosotros ya estamos preparados – dijo Aglus.
-   Bien mis bravos muchachos. Cuanto antes os marchéis hacia las montañas, mejor. Todavía os queda un arduo trabajo hasta llegar a su cima.
-   Recuerdo bien el camino por donde escape – dijo Kalim – y los llevaré hasta la cúspide de las Mindolluin sin problema alguno. Por allí no hay guardias.
-   No deberías fiarte. Ahora saben que hay alguien que puede hacerles frente y redoblaran las guardias – dijo Mhalek.
-   Estaremos muy atentos – dijo Rob – además contamos con el arco de Namor por si hay emboscadas.
-   Hablando del príncipe, os encomiendo a todos que lo protejáis con vuestras vidas.
-   Mi señor Mhalek, lo he visto pelear y los hermanos me han comentado que con el manejo del arco es excepcional – dijo Nubira. – Por lo que tendrá que ser él, el que nos proteja a todos nosotros.

Namor sonrió y le echó un brazo por los hombros a la mujer. Le dio un beso en la mejilla y algo le susurro al oído que la hizo reírse.

Antes de partir, Namor se despidió de su fiel lobo gris dejándole la tarea de proteger a todos los combatientes que marcharían sobre Minas Tirith, y sobre todo, a Zora.

Esta pasó por su lado sin dirigirle la palabra. Namor la agarró por el brazo pero ella se zafó de malos modos.

-   ¿Todavía estás enfadado conmigo?
-   Mira el Principito, ahora se da cuenta que existo.
-   Draco, olvida lo que te he dicho. Si atacan a esta mujer, no te pares mucho en protegerla.
-   ¿Le has dicho a tu lobo que me protegiese? – preguntó Zora sorprendida.
-   Lo siento, tengo que marcharme. Los chicos me esperan.
-   Y esa mujer también.
-   Esa mujer tiene un bonito nombre.

Zora comenzó a ponerse tensa. Apretó sus manos contra sus holgados pantalones de montar y la vena del cuello empezó a hinchársele. Namor la miraba con expresión divertida. Había conseguido enfadarla nuevamente.

-   ¿Te pasa algo? – le preguntó Namor cogiéndola del brazo con delicadeza.
-   No me toques si no quieres perder la poca dignidad que te queda.
-   Zora, tendrías que tranquilizarte. Tengo que marcharme ya, ¿no vas a darme un beso de despedida?

Zora levantó una de sus manos para darle otra de sus sonoras bofetadas a Namor, pero un grito la retuvo.

-   ¡Zora! Ni se te ocurra hacerlo – dijo Mhalek.
-   Hazle caso a tu padre – le dijo Namor burlonamente.
-   Respeto mucho los buenos consejos que me da mi anciano padre, pero no siempre los sigo al pie de la letra – dijo Zora levantando la otra mano y asestándole un bofetón que hizo que los allí presentes se detuviesen y los mirasen con risas contenidas.
-   ¡Zora! – gritó Mhalek.
-   ¿Quieres otro besito? – le dijo Zora con el mismo gesto burlesco que le había dedicado antes Namor.
-   Te prometo, que si salgo con vida de esta, me vengaré con creces de esta afrenta hacia mi persona – dijo Namor pareciendo estar ofendido.
-   Te estaré esperando – dijo la mujer enseñándole la hoja de su espada.
-   ¡Zora! ni siquiera lo piense  - volvió a gritarle Mhalek.
-   Apuesto por nuestro chico – dijo Rob agitando su bolsita de monedas.
-   Zora es rápida, es la segunda vez que caza a Namor sin defensa alguna – dijo Nubira. – Yo apostaría por ella.
-   Bien, pues apuesto por Zora.
-   ¿Pero tú no habías apostado por Namor? – le preguntó Aglus a su hermano.
-   Nubira sabe algo que nosotros no sabemos y es mujer, por lo tanto, tendremos que hacerle caso – dijo Rob con resolución.

Namor se alejó frotándose la cara y sonriendo. Se acercó a Mhalek y lo abrazó.

-   No se lo tengas en cuenta – dijo Mhalek.
-   No te preocupes, me lo tengo bien merecido.
-   Tened mucho cuidado y que los Valar os acompañen.

Partieron al galope y durante tres largas jornadas cabalgaron casi sin descanso hasta que llegaron a las estribaciones de las Mindolluin. 

-   Desde aquí tendremos que subir a pie. Por los caminos que seguiremos, los caballos no nos sirven.

Dejaron sus monturas libres y cargaron solo con lo necesario para la jornada de escalada en las montañas. Kalim demostró tener buena memoria y los llevó por senderos poco transitados desde hacia mucho tiempo.

Anochecía cuando llegaron a la cima. Había sido una jornada agotadora y se arrebujaron los unos contra los otros porque allí arriba, el frío era bastante intenso. No encendieron ningún fuego ya que no querían ser descubiertos y comieron algunas viandas que les reconfortaron sus hambrientos estómagos.

-   Kalim, ¿Cómo pudiste escapar de Minas Tirith? – le preguntó Nubira.
-   No fue fácil. Estudié la ciudad palmo a palmo, buscando alguna fisura por donde deslizarme. Pero la ciudad estaba muy bien vigilada y todo intento de escape, era y supongo que sigue siendo, castigado duramente. No fui el único que lo intentó pero los semiorcos estaban siempre ahí para cogerme.
-   ¿Sospechas que había espías entre los esclavos? – le preguntó Namor.
-   Alguno que otro. Por eso, en mi intento final ya no me fiaba de nadie. Y resultó que conseguí escapar por donde nadie se lo esperaba. Con mucha suerte, me escabullí por la Colina de la Guardia y escalé hasta la cima de los Mindolluin. No creo que notaran mi ausencia hasta pasados unos días, ya que me habían dado por muerto y me habían metido en una de las habitaciones de la antigua casa de huéspedes que ahora era utilizado para los esclavos moribundos.
-   ¿Y como llegaste hasta allí?
-   Un buen amigo y yo tuvimos una pelea y como soy bueno fingiendo, me metieron en la casa.
-   ¿Y tú amigo?
-    Creo que lo encadenaron, pero no le importó, lo hacían una noche si y otra también.
-   ¿Era un alborotador?
-   No, formaba parte de la antigua guardia de la Ciudadela y querían tenerlo lo más controlado posible.
-   Si sigue vivo, ¿podríamos contar con su ayuda?
-   Se lo preguntaré en cuanto lo vea.
-   Está bien, será mejor que descansemos y esperemos a la llegada de Zora y sus huestes. Yo haré la primera guardia – dijo Namor levantándose y desapareciendo en la negrura de la noche.

A la tarde del día siguiente, un gran estruendo realizado por los cuernos de un pequeño ejército entrando en el Pelennor, puso en guardia a todas las compañías apostadas al otro lado de los murallones de la ciudad. Logosh se reunió con sus capitanes en el bastión que había sobre las grandes puertas de Minas Tirith.

-   ¿Pero quien se atreve a molestarme?
-   Mire, mi señor. Hay un pequeño contingente de tropas humanas que están montando un campamento al otro lado del Pelennor.
-   ¿Tropas humanas? Eso no puede ser.
-   Unos jinetes se dirigen hacia aquí
-   Recibámoslos como se merecen. ¡Ballestas preparadas! – les dijo Logosh a sus semiorcos apostados en las murallas.

Un grupo de caballeros se acercó al galope hasta una distancia prudencial de los murallones exteriores de la ciudad. Enarbolan el estandarte de Dol Amroth y bajo él, Zora y el capitán Farmil se adelantaron unos pasos.

-   ¡Alto, quien va! – dijo uno de los capitanes semiorcos.
-   Mi nombre es Zora y vengo a tomar posesión de la ciudad de Minas Tirith.
-   ¿Y con que poder tomáis posesión de mi ciudad? – preguntó Logosh.
-   Con el poder que mi otorgan mis armas. ¿O no fue por las armas como vos la tomasteis?
-   Si, algo así – sonrío Logosh recordando como había traicionado a los antiguos moradores para que abriesen las puertas a sus tropas, que venían disfrazadas con las libreas de los soldados del norte. – Pero ahora soy yo quien gobierna en la ciudad y a sus gentes no les va tan mal conmigo.
-   ¿Tus gentes? Creo que las gentes de Dol Amroth a las que tú abandonaste con tanta premura todavía lo están celebrando.

A Logosh le cambió el semblante, se puso tenso y serio ante aquellas palabras. La mujer que le hablaba desafiándolo sobre su montura sabía lo que había pasado en la antigua ciudadela.

-   Creo que un simple guerrero acabó con todos tus campeones y con varios de tus guardias el solito.
-   ¿Conoces a ese guerrero?
-   Si, lo he abofeteado un par de veces y casi se echa a llorar delante de todos mis soldados.

Farmil intentó aguantar la risa por aquellas palabras de Zora. Si seguía con vida después de la que se avecinaba, le contaría a su príncipe aquellas palabras.

Logosh no podía creerse tales palabras pero al ver para el veterano capitán de la guardia de Dol Amroth, este asintió con la cabeza.

-   ¿Son esos todos tus soldados? – preguntó Logosh señalando a los cabelleros de Amroth. – Son algo escasos para atacar mi ciudad.
-   Bueno, tengo que reconocer que tengo algunos arqueros más en mi campamento, pero con estos caballeros y la tropa de a pie, somos más que suficientes para derrotar a todos tus batallones, uno tras otro.

Logosh soltó una sonora risotada. Cogió la ballesta de uno de sus soldados y apuntó a Zora. La saeta salió disparada pero gracias a que la distancia a la que se encontraba la mujer era considerable, el dardo no llegó ni tan siquiera a rozarla.

- Vaya, si eso es todo lo que puedes hacer, creo que va a ser muy fácil tomar Minas Tirith. Nubira me contó que eras un gran guerrero pero por lo que he podido comprobar, en los momentos decisivos, te fallan las fuerzas.

Logosh estaba colérico. Las palabras de aquella mujer lo habían encendido y saber que su fiel Nubira estaba ahora con aquellos hombres, consiguieron desquiciarlo del todo.

-   ¡Mañana estaréis todos muertos, pero a ti, mujer, te reservaré para el final! – gritó Logosh – ¡Desearás estar muerta cuando acabe contigo!

Zora se mantuvo impertérrita ante aquella amenaza. Acercó su caballo lentamente hasta el murallón y vio a Logosh a los ojos.

-   Mañana os estaremos esperando – dijo hablando para ser escuchada por todos los allí presentes - y vuestras cabezas rodarán por el Pelennor y vuestra sangre teñirá de negro la ciudad blanca. Mañana comenzaréis a temer a la raza humana.

Y diciendo esto, espoleó su montura y se alejó al galope hasta los caballeros de Dol Amroth, que la esperaban orgullosos de servir bajo su mando. Había conseguido poner nervioso a Logosh y que centrase toda su atención sobre el campamento que estaba comenzando a ser montado al otro lado del Pelennor y sobre todo, que toda su ira se dirigía en estos momentos hacia ella y eso, a Zora, le encantaba.
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Re:Namor
« Respuesta #133 en: 04, Febrero 2010, 16:56:19 »
Siguela. Esta interesante.
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NAMOR

Re:Namor
« Respuesta #134 en: 11, Febrero 2010, 07:16:28 »
CAPITULO 25

Al anochecer, mientras Zora y su ejército acababan de instalar el campamento que serviría de señuelo contra las huestes de semiorcos en Minas Tirith, Kalim, Aglus, Rob, Nubira y Namor comenzaba a descender desde la cima de las Mindolluin que se elevaba por encima de la ciudad. Desde allí bajarían hasta la Colina de la Guardia y después entrarían en la Plaza del Manantial.

-   Namor, será mejor que prepares tu arco. Entramos ya en territorio enemigo – dijo Kalim. – A partir de la Colina de la Guardia, los semiorcos patrullan en grupos de cuatro.
-   Muy bien, tú guíanos hasta la Plaza. Yo me encargaré de los enemigos.

Kalim conocía bien aquel terreno. Había pasado muchos años trabajando como esclavo para los semiorcos y conocía todos los recovecos de toda la ciudad. Bajaron desde la montaña y llegaron sin percance alguno hasta la Colina. Allí había una patrulla de semiorcos que descansaban al calor de una fogata.

Namor tensó su arco y con su natural rapidez, se encargó de los cuatro centinelas a los que no dio tiempo de dar la voz de alarma. Sus compañeros se vieron los unos a los otros y todavía no se creían que aquel muchacho pudiese disparar tan rápido con el arco, ni tan siquiera Aglus y Rob que ya lo habían visto actuar de aquella manera otras veces. Kalim se acercó a los semiorcos caídos y registro sus ropas.

Bajaron con sigilo de la Colina de Guardia y llegaron hasta una de las dos entradas de la Plaza. Allí todo estaba en silencio. Los esclavos más díscolos o que intentaban escapar, eran puestos bajo cautiverio en el Salón de Reuniones y los enfermos o heridos los colocaban en la antigua casa de huéspedes de la que muy pocos solían salir con vida.

Confiaban en encontrar pocos centinelas de guardia a las puertas del gran Salón ya que la llegada de Zora había puesto en alerta a todos los semiorcos a las puertas de la ciudad y sobre sus murallas. Observaron que no había centinelas apostados delante de la puerta del gran Salón. Solo había un centinela en la alejada entrada que había para bajar al otro anillo de la ciudad. Rob y Aglus se encargarían de vigilar esa entrada en el momento que Namor eliminase al centinela.

Nubira y Kalim corrieron hacia la gran puerta del Salón pero pasaron de largo. Se internaron por un estrecho pasillo entre los edificios de la casa de huéspedes y la antigua despensa de la Guardia, que ahora venía siendo utilizada como almacén de armas de los soldados, de la añorada Gondor. Escalaron por los tejados y desde allí, saltaron a uno de los ventanales del gran Salón. Había unas antorchas que iluminaban la estancia y pudieron ver muchos prisioneros encadenados. Un par de centenares de los hombres más peligrosos para los semiorcos, permanecían allí encadenados durante días hasta que se les pasasen las ganas de montar jaleo y complots de sublevación. Aquellos hombres serían muy útiles para lo que se avecinaba, pero el problema sería con cuantos podrían contar para la lucha, ya que muchos estarían débiles y enfermos por los castigos recibidos.

Anclaron un gancho al ventanal y bajaron por la cuerda hasta el suelo sin hacer ruido. Kalim buscó entre ellos a algún antiguo compañero y encontró uno al que conocía muy bien.

-   Breno, ¿sigues vivo? – dijo Kalim dándole un puntapié a un hombre que estaba tumbado sobre una andrajosa manta.
-   ¿Quien osa despertarme? – preguntó el hombre que se levantó como un resorte y se encaró contra Kalim.
-   ¿Que pasa, ya no reconoces a un viejo amigo? – le preguntó Kalim acercando una antorcha para que pudiese verlo mejor.
-   Por los Valar, pero si es Kalim, el ladronzuelo más sagaz de todo Gondor – dijo aquel hombre que casi doblaba en corpulencia a Kalim.
-   Veo los castigos no han hecho mella en ti – dijo Kalim dándole una fuerte palmada en el fornido pecho.
-   Ya sabes que a mi, la comida, sea un manjar o una bazofia, toda me sienta bien. Además, tengo que mantenerme fuerte para poder ayudar a mis compañeros. Si uno cae, tengo que hacer el trabajo de dos o de tres hombres.
-   Tú siempre tan amable con todo el mundo.

Breno se percató de la presencia de un compañero detrás de Kalim y le hizo un gesto con la cabeza.

-   Te presento a Nubira, la mujer más rápida con unas dagas que has visto en tu vida – dijo Kalim.
-   Una mujer que sabe manejar un arma para mi es digna de admiración.

Nubira se quitó la capucha de su capa y se acercó a la luz de la antorcha.

-   Por los Valar, es preciosa.
-   Muchas gracias – dijo Nubira mirando fijamente a aquel hombre a los ojos.
-   Ahora Breno también te admirará por tu belleza – dijo Kalim con una gran sonrisa.
-   ¿Qué hacéis aquí? – preguntó Breno.
-   ¿Podríamos contar con el que fue capitán de la guardia de la ciudadela y con su gente para organizar una fiesta la ciudad?
-   Si consigues quitarnos estas cadenas, cuanta con ello. Aunque ya no quedamos muchos con vida. Los semiorcos han causado muchas bajas en nuestras filas.
-   No te preocupes por eso. Aquí tengo unas llaves que he encontrado en uno de los guardias de la Colina – dijo Kalim mientras introducía la llave en el cerrojo de las cadenas.
-   Bien, ya tenía yo ganas de quitarme estos brazaletes – dijo Breno arrojándolos a un lado y haciendo que comenzasen a despertarse los demás prisioneros. – Dejadme esas llaves, iré liberando a mis compañeros y nos reuniremos en la puerta.
-   Muy bien, abriremos desde fuera. Ahora saldremos para ver que tal les va a nuestros compañeros.
-   ¿Con cuantos contáis?
-   Tres más.
-   ¿Solo tres? ¿Qué pretendéis hacer con tan pocos hombres?
-   Breno, tu preocúpate de organizar a tus hombres que nosotros nos ocuparemos de lo demás – dijo Kalim mientras desaparecía con Nubira por la cuerda.

Saltaron nuevamente al tejado y bajaron internándose por el estrecho pasillo hasta la puerta del almacén. Quitaron el pasador de la puerta y allí dentro pudieron ver muchas armas tiradas por el suelo. Espadas, lanzas, escudos, alguna que otra armadura y cotas de malla, cascos de la antigua guardia y muchas flechas amontonadas en un rincón juntos con arcos de tejo. Kalim y Nubira se miraron y se sonrieron el uno al otro. Por ahora, el plan, se estaba cumpliendo a rajatabla.

Namor llegó a la carrera junto a ellos y después de indicarles que Rob y Aglus ya estaban apostados en la entrada principal de la Plaza echó un vistazo dentro del almacén. Después se dirigieron hacia la puerta del Salón. Al otro lado, Breno y todos los hombres que habían estado encadenados, aguardaban que les abriesen y los dejasen en libertad. Kalim sacó nuevamente el manojo de llaves y encontró la que abría la pesada puerta. Breno salió el primero y respiró el aire del frío amanecer.

-   Bienvenidos a la libertad – le dijo Kalim.
-   ¿Qué es lo que tenéis pensado hacer ahora? – preguntó Breno.
-   ¿Todavía os acordáis de cómo se empuña una espada?
-   Eso nunca se olvida, es como hacerle el amor a una mujer.
-   La armería esta abierta. Coged todas las armas que podáis y reuniros con nosotros en la entrada principal – dijo Kalim.
-   Que los más fuertes cojan las lanzas y los escudos. Y que se protejan con las cotas de malla y con lo quede de las armaduras – dijo Namor.
-   ¿El arquero tiene nombre?
-   Mi nombre es Namor – dijo estrechándole el brazo.
-   El mío es Breno. Si estás del lado de mi buen amigo Kalim eso significa que estás de nuestro lado.
-   Todos los presentes estamos del lado de los hombres. Los semiorcos pagaran por todos estos años de penurias, tenlo por seguro – dijo Namor quitándose la capucha que cubría su cabeza y marchándose a la carrera hacia la puerta donde Rob y Aglus lo aguardaban.
-   Parece un muchacho con las muy ideas claras – dijo Breno mesándose su canosa barba.
-   No es un hombre corriente. Por sus venas corre sangre de los antiguos y pronto sabrás el porque – le dijo Nubira.

Breno quedó pensativo, pero se dirigió hacia la armería donde se pertrechó con una lanza y un escudo. No había cota de malla que le valiese. Al rato, más de un centenar de hombres estaba al lado de la puerta principal. Muy pocos eran los que quedaban y que habían pertenecido a la antigua guardia de la ciudadela. Algunos habían sido soldados de la ciudad y unos pocos, habían sido recientemente capturados combatiendo hasta hacía muy poco tiempo en los bosques de Ithilien. El resto estaba demasiado débil para el combate. Namor estaba encaramado a uno de los muros de la estrecha calle que llevaba hasta el anillo inferior. Llevaba en su espalda, dos carcajs repletos de flechas y su inseparable espada. Desde allí arriba, mientras el sol comenzaba a salir por el Este, podía ver toda la llanura del Pelennor y allá a lo lejos, el campamento aliado de Zora. El plan continuaba su marcha.


Logosh estaba en lo alto de la muralla, con sus capitanes semiorcos a ambos lados.

-   Están lejos. Si tienen más caballería podrían destrozarnos – dijo uno de los capitanes.
-   ¿Desde cuando hay alguien que pueda con nosotros? – se preguntó Logosh. – Además contamos con nuestros ballesteros para acabar con su caballería.
-   Mi señor, podremos con ellos con o sin caballería.
-   ¿Se sabe algo del batallón que enviamos a buscar más esclavos? – preguntó Logosh
-   No mi señor, todavía nada.
-   Puede que se hayan topado con esos humanos.
-   Pero que nosotros sepamos no hay ningún ejercito que tan numeroso como para enfrentarse a un batallón de mis semiorcos. ¿Con cuantos batallones contamos en la ciudad?
-   Con dos mi señor y tres compañías que guardan las murallas y patrullan todos los anillos de la ciudad.
-   Bien, enviaremos un batallón al encuentro del supuesto ejército y el otro que quede en retaguardia resguardando al primero.
-   Me gustaría ofrecerme voluntario para comandar el batallón de ataque – dijo uno de los capitanes.
-   Está bien. Tú irás en el de vanguardia y tú en el de retaguardia. Yo me quedaré aquí con las compañías resguardando la ciudad de cualquier ataque.
-   Muy bien señor. ¿Cuando partimos?
-   En cuanto estéis preparados.
-   Antes de que los primeros rayos de sol laman las murallas, partiremos hacia el campo de batalla.
-   Destrozarlos y no toméis prisioneros.
-   No lo haremos, mi señor.
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