En un tenso silencio, la chica se desplaza hasta quedar iluminada por unos tenues rayos de luna. Distraida, se asoma por la ventana, mirando al exterior. Bajo esa blanquecina luz, parece brillar con luz propia. Su rubia melena centellea, su pálida piel lo parece aún más, dándole un aspecto de suma fragilidad, a pesar de unos rasgos faciales duros y angulosos, característicos del este de Europa, pero que a la vez parecen suaves y delicados, creando un hermoso contraste. Su aspecto indica que no hace mucho pasó de la veintena, y las curvas de su cuerpo quedan más resaltadas con los reflejos y sombras de la tenue luz. Asombrado por descubrir la belleza que se ocultaba bajo la mugre que la cubría cuando la viste por primera vez, no puedes más que rendirte.